Los amores tardios
Los amores tardios —SÃ; esta mezcla rara de productos de Holanda y de Oriente: las cajas de margarina y las pirámides de quesos redondos de color de rosa, unidos al azúcar, al café, al cacao, al tabaco, a las pieles de búfalo y a la nuez moscada; los marineros de aquÃ, entre indios y mulatos.
—¿Estos puertos tienen mucha relación con las colonias?
—SÃ, mucha. Como para los españoles de antaño, hay para los holandeses actuales un sueño mágico de Oriente. Para nosotros, el Trópico tomaba un aire de habanera. «Vámonos a Puerto Rico / en un cascarón de nuez», o «AllÃ, en un bosque de cocoteros / una mañana del mes de abril».
—¡Qué conocimientos tienes en el capÃtulo de las habaneras! —dijo Pepita.
—Muchos. Tú no conoces aquella de:
Fue mi madre una mulata,
fue mi padre un capitán:
el jefe de la fragata
que va y viene de ultramar.
—No, no conocÃa esa canción.
—Pues eso sigue asÃ, y termina con esta lógica consecuencia:
Por eso marinero yo quiero ser,
porque me gusta, morena, ver,
sobre las olas del ancho mar,