Los amores tardios
Los amores tardios El ruso los miró con sus ojos claros, vacíos de expresión, y al ir a salir al muelle por una pasarela de tablas dio la mano a Pepita y a Soledad con un gesto de galantería y de nobleza.
Las dos hermanas bajaron de nuevo a la lancha y vieron sobre la borda del barco la silueta melancólica del ruso.