Los amores tardios

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V

A LA DERIVA

El destino es duro. Somos tantos los hombres y tantas las mujeres que pasamos distraídamente los unos al lado de los otros, que cuando un hombre se fija y piensa en una mujer, y una mujer en un hombre, parece que debía haber ya entre ellos un lazo de unión. Y, sin embargo, yo he vivido mi vida pensando en ella —dice Joe—, días y noches largas y tristes, y no hay entre ella y yo nada exterior que nos una. Y así, quizá, marcharemos siempre separados, lo que no impedirá que yo, al oír su voz, y ella, al oír la mía, digamos de común acuerdo: «Habíamos nacido para entendernos, si no en la tierra, en el infinito». Pero el destino es duro para los hombres.

«El destino», Croquis sentimentales

Una noche fueron a cenar a un restaurante de Hoogstraat. Después de cenar volvieron al hotel y pasaron por la calle de Schiedamschedyk, con sus cafés y tabernas llenas de muestras, faroles iluminados y banderas de todos los colores, de donde salían sonidos gangosos de gramófonos.

Pepita tenía curiosidad por entrar en una de aquellas cervecerías y de ver la gente; José la llevó a una de ellas.

Sin fijarse habían entrado en el mismo sitio donde otra vez encontró al padre de Nelly. Este recuerdo le entristeció profundamente…


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