Los amores tardios
Los amores tardios PARTIDA JUGADA
El joven viajero inglés ha visto a los salvajes construir trampas para los espíritus y dejarlas flotando en las aguas de los ríos, con el cebo de tortas de maíz o de un líquido dulce fermentado.
Ha visto después a los hombres disputarse estas trampas con el supuesto espíritu preso y llevarlas al templo.
«Así pasa en la vida y en el amor —ha pensado Joe—; también entre los civilizados, hombres y mujeres, se ponen trampas para cazar sus respectivos espíritus con un cebo más ilusorio que las tortas de maíz o el líquido fermentado, y cuando creen tener aprisionado ese espíritu, que casi nunca existe, riñen por llevarlo al templo y darle culto.»
«Las trampas de los espíritus», Las sorpresas de Joe
Era una partida que jugaban los dos, y en la cual ninguno de los dos se engañaba.
La fatalidad los había unido, después de tenerlos separados tanto tiempo.
En un hombre como José se comprendía que no insistiera mucho en avanzar; en cambio, una mujer apasionada, como Pepita, no era fácil que quedara en un término medio, hipócrita y prudente.