Los amores tardios

Los amores tardios

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

—No; no ha hecho nada, pero no encaja aquí; no tiene simpatías en la tripulación. No habla; concluye sus trabajos, se va a un rincón, abre un libro y se pone a leer. Hace también retratos a los marineros.

—Pero con todo eso no perjudica a nadie.

—Es cierto, pero no le quieren. No necesitamos curas protestantes. Aquí hay que seguir las costumbres de a bordo.

—¡Ah!, claro es.

Al día siguiente, antes de partir, Larrañaga vio que el capitán llamaba al ruso y le despachaba secamente.

—No me conviene que esté usted en mi barco.

—Está bien.

El ruso escuchó con la atención de un subordinado, sin hacer la menor objeción.

Cuando Larrañaga se preparaba a tomar la lancha vio al ruso que iba a salir; llevaba una caja de cartón en la mano y una capa impermeable sobre los hombros. Con su aire distraído y triste se veía que estaba indeciso.

—Puede usted venir conmigo —le dijo Larrañaga.

—Muy bien, señor, muchas gracias.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker