Los caminos del mundo

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—La religión hebraica es religión de vida; la cristiana es religión de muerte, y la católica es sólo paganismo, paganismo nada más. Sí, sí. Y nuestra religión es justicia… Nosotros no tenemos la palabra limosna; entre nosotros, dar al pobre es restituir, es hacer justicia, no es dar limosna. Entre nosotros no existe la limosna. Sí, sí, creedlo, creedlo. Sí… sí… sí…

Y seguía así con aire de inspirado, los ojos brillantes y las manos temblorosas.

Aviraneta y Riego le escuchaban. No comprendo cómo podían oír con calma las blasfemias e impertinencias de aquel miserable enemigo de la religión.

Este judío, que se llamaba Salomón Blumenkhol, tenía grandes agravios que vengar de los alemanes. Estos bárbaros, en tiempo de Federico el Grande, habían obligado a los judíos a cambiarse de apellidos y abandonar sus Levy, sus Cohen, sus Israel, y para burlarse de ellos les habían dado apellidos ridículos; así él, un Levy descendiente del rey David, se llamaba Blumenkhol (coliflor); el rabino de Francfort se llamaba Zanahoria, y otros, Patata, Ratón, Zapatilla, etc.

Los alemanes, según el señor Coliflor, odiaban a los hebreos; llegaban a poner en las tiendas letreros como este: «No se permite la entrada de judíos ni de perros».


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