Los caminos del mundo
Los caminos del mundo UNA INGLESA ANTIESPAÑOLA
LLEGAMOS a La Haya y fuimos a la posada del Águila de Oro. En la mesa se sentó junto a nosotros un comerciante inglés con su hija, muchacha muy bonita.
La inglesa, al saber que éramos españoles, expresó cándidamente su sorpresa.
—¿Por qué le choca a usted? —le preguntamos nosotros.
—Porque yo he oído decir que los españoles son tan crueles y tan feroces, que no creía tuvieran el aspecto de las demás personas.
Aquello me indignó.
Aviraneta, tomándolo a broma, dijo a la inglesa:
—¿De manera que usted creía que la generalidad de los españoles tendrían todavía peor aspecto del que tenemos nosotros? Es decir: que suponía usted que eran más flacos, más negros y más feos que nosotros. No, no, señorita; no todos son como nosotros. Hay alguno que otro presentable.
Riego, que sabía algo de inglés, dijo en serio:
