Los caminos del mundo
Los caminos del mundo Por la tarde me llamó el general Lacy, que mandaba el ejército, y me dijo que se iban a formar dos batallones con los oficiales y clases que venÃan repatriados.
En dos dÃas se organizaron los batallones y nos pasó revista Lacy. Una semana más tarde mandó formar el cuadro en el patio del cuartel y pronunció una corta arenga. Después se celebró la jura.
En el centro del patio se habÃa levantado una pila con tambores, poniendo encima los Evangelios, un ejemplar de la Constitución y la bandera del regimiento.
Juraron el nuevo Código nacional: primero, el coronel y un oficial de cada grado; en seguida, un sargento, un soldado y un cabo de cada batallón.
El general Lacy recogÃa el juramento con el tricornio en la mano. El que iba a jurar se arrodillaba delante de los tambores, colocando la mano en el libro santo.
Preguntaba el general:
—¿Juráis a Dios y prometéis guardar y hacer guardar la Constitución y defender al rey?
—SÃ, juro.
—Si asà lo hacéis, Dios os lo premie, y si no, os lo demande.
Después de esta ceremonia me reunà con Aviraneta, que me dio cuenta del dinero que le habÃa entregado mi madre y de la forma en que lo gastó.