Los caminos del mundo
Los caminos del mundo —¿Remordimientos? ¿Por qué, señor? Cumplo mi oficio lo mejor que puedo.
—¿Y cree usted que con esta profesión ganará usted el cielo?
—Asà lo espero, señor; habré de pasar por el purgatorio; pero supongo no será por mucho tiempo.
—Lo malo de los verdugos es que no tendrán un santo patrono que interceda por ustedes.
—No; eso, no. Es verdad, eso nos falta; pero yo tengo a la Virgen de la Fuencisla, que intercederá por mÃ.
Con estas charlas, maese Juan, el verdugo y yo nos entretenÃamos.