Los caminos del mundo
Los caminos del mundo LAS RAZONES DE AVIRANETA
LLAMAMOS a Eugenio a casa, y mi tÃo comenzó a sermonearle. Le dijo que le parecÃa muy mal su conducta con la señorita de Miranda, una muchacha de familia tan distinguida. No tenÃa más remedio que volver de su acuerdo. Iba a creer todo el mundo que habÃa pretendido a aquella señorita cuando estaba sin un cuarto y que desde el momento que habÃa encontrado algún dinero no querÃa nada con ella.
Aviraneta escuchó las reflexiones nuestras y contestó que habÃa reñido con la chica y que le molestaba la familia, que constantemente, y con cualquier motivo, estaba hablando mal de los españoles.
Este odio le irritaba.
—SÃ; pero tú debes dar una satisfacción a los padres.
—¿Por qué?
—Porque has comprometido a esa muchacha de una familia tan respetable.
Para mi tÃo, toda familia rica era necesariamente respetable.
—Yo no veo que la haya comprometido —replicó Eugenio—. La he galanteado, he ido a hablar algunas noches con ella, y nada más.
—Pero tú la has dejado…, y no tienes motivos para dejarla.
—Sà tengo motivos. ¡Ya lo creo!
