Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —No sabemos cómo eran, porque no las hemos visto. No hemos encontrado la tienda. Los datos que llevábamos eran poco claros.
—¿Muy lejos?
—En el bulevar Arago, cerca de la cárcel de la Santé —dijo el dibujante.
—¡Vaya sitio! ¿No es allí donde guillotinan? —preguntó Gloria con un interés un poco raro.
—Sí, allí es. Por cierto que tengo un periódico que habla de Monsieur de Paris, o sea el verdugo, y nos servirá para hacer un artículo. Elorrio hará el texto y yo los dibujos —dijo Escalante.
—¿Y dice algo curioso?
—A mí no me gusta leer eso. Se lo traeré a usted.
Abel fue en busca del periódico y se lo entregó a Gloria.
—¿No tienen ustedes miedo a las pesadillas? —le preguntó Elorrio.
—Yo, no.