Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Todos los dictadores piensan algo parecido —continuó el escritor—. Mucha población significa, naturalmente, mucha fuerza en el paÃs; mucha fuerza supone mucha importancia también de los polÃticos… Pero mirando los hechos de una manera sencilla y natural, lo que sobra es gente. Desear que haya mucha gente, aunque no haya que comer, es lanzar hombres a la guerra para que los maten impunemente.
A Juanito Elorrio le parecÃa bastante absurdo el ilusionarse con el hecho de que la vida media subiera, o recrearse con la idea de que la humanidad iba creciendo para producir nuevas guerras y más crueldades estúpidas. SerÃa más lógico el alegrarse de que la humanidad fuera descendiendo y acercándose al final, que después de todo le llegará más tarde o más temprano.
Muchas de esas conversaciones se mantenÃan durante las alarmas, cuando los huéspedes del hotel se reunÃan para esperar lo que pudiera ocurrir.
En aquellos momentos el hotel parecÃa un carnaval o el salón de un baile de máscaras. Hombres con batines, mujeres vestidas con pantalones y una especie de turbante en la cabeza o una capucha. Las persianas cerradas; a través de ellas penetraba tan solo una pálida luz del dÃa.