Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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—Sí, en el siglo IX se usaba ya —contestó Elorrio—. Era instrumento de mendigos y de juglares para tocar en bailes y en fiestas populares. Viella es vitella, ternera en latín, y recuerda el salto de las vacas jóvenes. En algunos países conocían el instrumento por lyra mendicorum. En general se llama chifonía, viella o viola, indistintamente, pero luego la palabra viola quedó para una forma de violín un poco más grande. En Francia parece que hay una canción, relativamente moderna, que se llama «Fanchón la vielleusse».

—¡Ah!, yo he oído nombrar esa canción y creía que era «Fanchón la Vieillesse», y que se trataba de alguna vieja a quien llamaban «Fanchón la Vejez» —afirmó Pagani—. Esa clase de apodos aquí no suelen ser raros. Usted recordará que en aquella banda de anarquistas de uno…, no sé si Bonnot, había un socio al que llamaban «Raymond la Science».

—Pues no se trata de una vieja —replicó Elorrio—, sino de una joven tocadora de la viola, y sus cuplés terminaban así:

Je n’apportais, helas en France

que mes chansons, quince annes,

ma vieille et l’esperance[10].

El señor Pagani se quedó mirando a Elorrio como asombrado, considerándolo un monstruo de erudición.


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