Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —¿Cuál le gusta a usted más de las tres? —preguntó Barral.
—Creo que me gusta más la del novelista.
—SÃ, a mà también. Es obra de Gustavo Doré.
—¿No tiene usted algún sitio que quisiera ver?
—Ya que me lo pregunta usted, me gustarÃa ver el parque de las Buttes Chaumont.
—Bueno, preguntaremos por ahà dónde está.
Estuvieron en el parque que al escritor le sorprendió por su aire dramático.
—Bueno —dijo Elorrio—, voy a tomar el Metro y a ir a comer a un pequeño restaurant del Barrio Latino.
—Venga usted a mi casa.
—No, no.
—¿Por qué no?
—Ahora creo yo que nadie está en situación de invitar a otro.
—Pues yo sà —contestó el escultor—. Vámonos.
Tomó Barral el volante y comenzaron a ir hacia el centro.