Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Que deben ser muchos en Francia.
—Muchos, sí, evidentemente.
—¿Y qué ha hecho?
—En el primer piso hay doce habitaciones y después un pasillo, son dos más sin número: una, que es un cuarto de baño, y otra, el sitio donde dejan los mozos las escobas, los paños de la limpieza, los plumeros y los cepillos de las botas. Estos dos cuartos serían los números 13 y 14, y en el segundo piso la numeración de las habitaciones empieza en el 15.
—¡Amigo, qué habilidades!
—Pero no vaya usted a creer que eso lo hace por ella. A ella le tiene sin cuidado, completamente sin cuidado; pero estos franceses son mucho más supersticiosos que nosotros.
—De todas maneras hace bien, si la gente cree en tonterías, con engañarla un poco.
—Claro está. Con eso no perjudica a nadie.
—¿Y es que Madame Latour tiene alguna participación en el hotel?
—Sospecho que sí, pero me parece que la ha liquidado hace poco y creo que ha hecho muy bien, porque ahora, con la guerra, esto de los hoteles es negocio que no va a marchar.
—¿Y usted qué piensa hacer?