Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —No lo sabe usted bien. No para en todo el día; no sabría estar mano sobre mano. Quitando las cinco o las seis horas que duerme, el resto del tiempo no hace otra cosa más que trabajar. Solo de ese modo es como ha podido llegar a reunir un capital.
Reinaba el silencio en la casa según se iban acercando al piso bajo.
—Veo que tiene usted una vecindad muy rara —le dijo Evans.