Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —SÃ. Tengo una vecina que, a pesar de que dice que es americana, según la camarera, es alemana y hasta pudiera ser espÃa. Tiene un cuarto siempre cerrado con llave y no consiente que la camarera entre jamás en él. Parece como si se dedicara a hacer fotografÃas, porque muy a menudo se oye en él ruido de agua, como si estuviese limpiando algo. Es mujer extraña. Algunas veces, cuando se encuentra en el corredor o en la escalera, me saluda al pasar; otras, no. Hace varios dÃas me preguntó qué hora era; y otra vez me dijo que tenÃa en mi cuarto una cacerola de aluminio muy bonita y que se la prestara. Se la presté y el primer dÃa me la devolvió sin yo reclamarla, pero luego me la volvió a pedir, y viendo que no me la devolvÃa, se la he reclamado, se ha hecho la remolona y, cuando la veo en la escalera, le pregunto: ¿cuándo me va usted a devolver la cacerola? Ella hace como que no me oye y echa a correr. Una tarde que estuvo a verme un amigo mÃo español, como pasase ella por delante de la puerta de mi cuarto que tenÃamos entreabierta, le dije en broma si querÃa entrar y sentarse. Entró, se sentó y estuvo fumando algunos cigarrillos. Al dÃa siguiente no quiso hablarme. Yo no sé si esta señora está algo perturbada. Pudiera ser. El patrón del hotel, que estuvo algunos dÃas aquÃ, habló mucho con ella. Poco más tarde esta ciudadana se ha marchado, abandonando el cuarto. Según la camarera, debajo del lavabo, en unos frascos, tenÃa gusanos.