Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte La curiosidad del escritor español y la del diplomático inglés no debieron quedar muy satisfechas con el relato de aquella serie de barbaridades, en la que no había ningún caso que mereciese la pena de recordarse, pues todo era anodino, vulgar, dentro de la barbarie y de la crueldad.
Al terminar el banquete, los militares alemanes mandaron traer champagne y brindaron por las dos españolas que les habían hecho el honor de acudir al banquete. Gloria y Julia tuvieron un gran éxito y fueron muy felicitadas y obsequiadas por aquellos militares germánicos y volvieron alegres y contentas a su casa.