Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —SÃ, es verdad. Ha salido a la madre, porque, como habrá usted notado, el padre es un hombre brutal y violento, al que no le interesan más que las cosas prácticas.
—Sin embargo, su mujer parece que está muy contenta con su marido.
—¡Qué va a hacer la pobre! Él es un déspota.
—Y parece que es hombre a quien no le gusta hablar.
—Poco. Pero no es tonto para los negocios. Es hombre que tiene sentido.
—¿Y el chico?
—El chico es muy majadero y charlatán, al menos por ahora.
—SÃ, es raro que a su edad se pueda ser tan pedante.
—Muchas veces, la madre le reprocha el que no diga más que tonterÃas y que sea impertinente y aburrido, y él suele replicar con seriedad: Todo el mundo tiene sus defectos.
—SÃ, las dos mujeres son las que más valen en la casa.
— Es verdad.
—Y ahora van viento en popa, aunque pasajeramente, viven con mucha economÃa. Están arreglando un hotelito aquà cerca, en el bulevar de Clichy, y dentro de poco aparecerán como propietarios ricos.