Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —¿Y usted?
—A mà me dejarán un cuartito en la casa.
Contó Pagani que, durante largo tiempo, la madre y la hija, en su compañÃa, por las tardes y por las noches, habÃan trabajado para una fábrica de perfumes, pintando y cortando etiquetas o haciendo flores artificiales.
—¿Y usted colabora con ellas?
—SÃ, en lo que podÃa. La madre ilumina también estampas con mucha gracia. No descansa un momento. Sus distracciones son variar de trabajo. Con todo ese se han sostenido y, mientras tanto, el dinero se ha ido acumulando en el banco.
Pagani llevaba a la feria y a las tiendas de antigüedades estos productos de la casa.
Al comenzar las amenazas del conflicto europeo, Madame Latour habÃa previsto el peligro de la guerra y preparó el viaje de Dorina al Canadá, y ya tenÃa los papeles arreglados y el billete de barco para su hija.
—¿Y ella?
—Ella piensa que se debe quedar con su marido y su hijo, defendiendo lo que tienen. El chico todavÃa no está en edad de ser llamado y, según lo que dure la guerra, podrá salvarse de ese peligro.
—Se ve que Madame Latour es una mujer muy hábil.