Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte FIGURAS REVOLUCIONARIAS
EVANS LE REGALÓ un calorÃfero eléctrico a Pagani para la cama, que el inglés no necesitaba en su hotel y le habÃa sido antes de gran utilidad para no helarse en su cuarto. Como Pagani era una persona considerada, antes de usarlo quiso advertir a Madame Latour del regalo que le habÃa hecho Evans, por si el consumo podÃa significar un gasto considerable. Ella le dijo que no se preocupara, que aquello no tenÃa importancia pues el gasto del fluido eléctrico en tales aparatos era muy reducido.
Al dÃa siguiente del regalo, Evans y Pagani se vieron porque se habÃan citado en la plaza de los Vosgos para ir a visitar juntos el Museo Carnavalet.
—¿Qué tal funcionó el calorÃfero? —preguntó el inglés, al encontrar a su amigo—. ¿Le sirvió de algo?
—¡Ya lo creo! —contestó Pagani—. Resulta un gran recurso para no tener frÃo en la cama. Ahora, que antes de usarlo, se lo dije a Madame Latour.
—¿A tal extremo lleva usted sus precauciones?
—SÃ, por si el gasto de fluido resulta abusivo.
—¡Bah, es poca cosa! Pero, además, entre todo el consumo del hotel, ¿qué puede significar un calorÃfero más o menos?
—De todos modos, no querÃa abusar.
—¿Y qué le dijo ella?