Los caprichos de la suerte

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VIII

FIGURAS REVOLUCIONARIAS

EVANS LE REGALÓ un calorífero eléctrico a Pagani para la cama, que el inglés no necesitaba en su hotel y le había sido antes de gran utilidad para no helarse en su cuarto. Como Pagani era una persona considerada, antes de usarlo quiso advertir a Madame Latour del regalo que le había hecho Evans, por si el consumo podía significar un gasto considerable. Ella le dijo que no se preocupara, que aquello no tenía importancia pues el gasto del fluido eléctrico en tales aparatos era muy reducido.

Al día siguiente del regalo, Evans y Pagani se vieron porque se habían citado en la plaza de los Vosgos para ir a visitar juntos el Museo Carnavalet.

—¿Qué tal funcionó el calorífero? —preguntó el inglés, al encontrar a su amigo—. ¿Le sirvió de algo?

—¡Ya lo creo! —contestó Pagani—. Resulta un gran recurso para no tener frío en la cama. Ahora, que antes de usarlo, se lo dije a Madame Latour.

—¿A tal extremo lleva usted sus precauciones?

—Sí, por si el gasto de fluido resulta abusivo.

—¡Bah, es poca cosa! Pero, además, entre todo el consumo del hotel, ¿qué puede significar un calorífero más o menos?

—De todos modos, no quería abusar.

—¿Y qué le dijo ella?


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