Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Sí, es verdad.
Evans enseñó a su amigo algunos retratos del escritor ruso, con su rostro atormentado por las huellas del sufrimiento.
—Es el escritor más grande del siglo.
—¿Cree usted?
—Sí.
Después hablaron de los escritores franceses. A Evans no le producían entusiasmo.
—¿Le gusta a usted Courteline? —le preguntó Pagani.
—No; es agrio, malhumorado. No es un humorista, sino un hombre de mal humor.
—¿Y Colette Willy?
—Colette Willy está muy bien. En su obra hay claridad, exactitud, también hay poesía y tristeza.
—Tiene usted razón.
Después cada cual se marchó a su cuarto.