Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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Julia pensaba que la actitud de Gloria con Elorrio era una tontería, una simpleza, pero no había tal. Gloria veía, sin duda, con claridad su posición y la de Elorrio, comprendía que en la vida íntima a la larga sería él el que triunfara, y esto no le hacía ninguna gracia.

Gloria, ante sus amigos y ante Elorrio, [solía] exagerar un poco su carácter frívolo. Esto lo fingió muy bien, con mucho arte, y Julia varias veces le reprochó sus veleidades. Elorrio también se exasperaba con los cambios de opinión de Gloria. Esta tenía talento para señalar el defecto principal de los conocidos, pero lo que le molestaba a Elorrio es que a unos, estos defectos los perdonara, y a otros, no. Esas veleidades de Gloria no eran completamente auténticas, sino muchas veces simuladas.

—En eso, si el defecto es defecto, en Juan como en Pedro, no sé por qué al uno hay que perdonarle y al otro no —decía Elorrio.

Gloria contestaba de una manera ambigua.

—Tu marido es un majadero y te ha tratado mal —replicaba Juan—, pero parece respetable. Yo, en cambio, que haría lo posible para que tú vivieras bien, no represento nada para ti.

—¡No me vengas a mí con historias!


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