Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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—Yo he tenido mucho entusiasmo por la suerte y la fortuna —dijo, como hablando consigo mismo—, pero no la he podido conseguir. No creo que la haya tenido cerca de mí nunca. Si la hubiese encontrado propicia, hubiera intentado conquistarla de cualquier modo, pero no ha estado nunca a mi alcance. No creo que hayan sido escrúpulos éticos los que me han impedido dominarla, no, lo que me ha pasado es que no la he encontrado nunca en mi camino.

—¿Nunca?

—Nunca. Mediocridad, mediocridad y mediocridad. Esa ha sido siempre mi perspectiva. Cuando se tiene ese destino de vivir en el mundo de lo mediocre, no hay manera de vencerlo, haga uno los esfuerzos que quiera.

Abel contempló a su amigo y no dijo nada. Elorrio se despidió de Escalante.

Elorrio hizo sus preparativos. Antes, escribió una carta a Gloria hablándole de sus sentimientos, diciéndole que no le molestaría más, ni la escribiría. En vista de que ella no le contestaba, Elorrio le volvió a escribir. Le decía que creía que podían rehacer la vida en América, que le prometía no pensar nunca en el pasado y que creía que podían entenderse y vivir de una manera nueva.


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