Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Gloria leyó la carta, estuvo seria unos dÃas y dijo que ella no estaba por la seriedad, que no le gustaba. Elorrio se decidió a marchar a América y comenzó sus preparativos. Ya comprendÃa que él no le era simpático. ¡Qué iba a hacer! Con esto no se podÃa luchar. Él hubiera querido marchar a América con ella y trabajar a ver si llegaban a una posición mediana. No lo habÃa conseguido. No tenÃa suerte.
La carta estaba saturada de tristeza.
Elorrio volvió a escribir de nuevo. Le decÃa a ella que era su última carta. Gloria, al leerla, quedó un tanto seria y pensativa. Después, con una decisión brusca, la rompió en pedazos, que los fue tirando por el balcón.
—No comprendo cómo no aceptas la proposición de Elorrio —dijo Julia—. Un hombre joven, fuerte, inteligente, trabajador, que te quiere…
—A mà no me gusta la gente seria —replicó Gloria.
—¡Pues es una estupidez, chica!
—No digo que no. ¿Qué voy a hacer yo en América?
—¿Qué vas a hacer? Vivir como una persona digna, trabajando, ayudando a tu marido… ¡a tu marido…!
—No, no quiero nada de eso.
—Bueno, haz lo que quieras. Creo que te arrepentirás.