Los caprichos de la suerte

Los caprichos de la suerte

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Nuestros viajeros coincidieron en un mesón del pueblo de los Muñoces con dos jóvenes que querían trasladarse también a Valencia, pero que carecían de medios para tomar el tren o un autobús. Pretendían hacerse milicianos sobre todo para comer. El uno era hijo de un barbero fascista, que ocultaba cuidadosamente sus ideas por hallarse rodeado de rojos; y el otro, de una viuda dueña de algunas fincas y que era sumamente devota.

Estos dos jóvenes de Tarancón no tenían los papeles que les había prometido la autoridad e invitaron a Elorrio y a Muñoz a quedarse en casa de uno de ellos, hasta que les dieron sus documentos de identificación. Elorrio y Muñoz aceptaron. Estuvieron esperando una semana y al cabo de ella salieron de Tarancón. Fueron bordeando las orillas del Tajo. Comenzaba a presentarse ante su vista un campo más fértil con hermosos árboles.

Los jóvenes que deseaban hacerse milicianos fallaron pronto. A la segunda jornada se sintieron aspeados y dijeron que pensaban hallar algún camión que pudiera llevarlos a su destino sobre ruedas. Elorrio y Muñoz no vieron mal el tener que seguir solos, pues así les parecía menos comprometido el viaje que realizaban. Pensaban que, si en el camino tropezaran con gentes de las que transportaban material de guerra, se dirigirían a ellas a ver si los querían llevar y ahorrarse parte de las fatigas de la ruta.


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