Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —¿No les han quitado las ovejas? —preguntó Elorrio.
—No —contestó el pastor—. Casi todos los vecinos de pueblo son dueños de alguna res de las que yo guardo.
Los dÃas siguientes Elorrio y Muñoz recorrieron el camino que les faltaba para llegar a Cuenca. No hubo nada interesante que recordar, y durmieron y descansaron de dÃa a la sombra de los árboles.