Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Nos han dicho que vais a Valencia y quisiéramos saber si nos aceptarÃais en vuestra compañÃa. Nos dirigimos también para allá, venimos a pie desde Madrid y estamos derrengados.
—¡Si no sois fascistas! —indicó uno con un dejo de recelo, clavándoles la mirada con fijeza.
—¡Fascistas nosotros! De ninguna manera —contestó Elorrio—. Yo soy periodista y aquà mi camarada es cómico, aunque sin contrata. Tenemos nuestra documentación en regla. Salimos de Madrid aún no hace quince dÃas.
—¿Y qué tal están por allá? —preguntó el jefe de los milicianos.
—En una situación bastante difÃcil. La comida anda por las nubes.
—¡Comprendo! Por eso habéis tomado las de Villadiego —intervino uno de los milicianos soltando una carcajada.
—Si no sois fascistas —dijo el jefe— y demostráis que no lo sois, no tengo inconveniente en que vengáis con nosotros.
—¡Demostrar! ¡Cómo lo vamos a demostrar! Si fuéramos fascistas, hubiéramos ido a buscarles a ellos —indicó el escritor.