Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Se citaban a un militar y a un estudiante antiguo de cura que dirigían la checa de la calle de Sorni. Había también en el puerto un barco llamado SIM que también era cárcel y tenía también muchas personas detenidas.
No se sabía con exactitud absolutamente nada. Lo que sí era cierto que aquel cuadrado de calles próximo al río y al paseo de la Glorieta era como una trampa, que el que caía en ella se podía dar por perdido. Se hablaba de un camión, llamado el canguro, que llevaba gente a la checa de la calle de Sorni.
Se aseguraba que para amedrentar a los presos se les decía que se les iba a poner una inyección para dejarles ciegos y que esta inyección no era más que agua teñida de rojo, pero que producía un enorme terror en el detenido.
Se decía que un militar, Arango, era uno de los jefes importantes, en premio de que al comienzo de la revolución había descubierto que los oficiales de su batallón, al principio del movimiento, pensaban sublevarse a favor del fascismo, y Arango sacó la pistola y los mató. Había otro comunista vasco, llamado Uribe, que también tenía gran influencia.