Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte Hubo, al parecer, muchos trastornos mentales entre la gente. A una pobre mujer de un barrio extraviado, a cuyo marido le habían quitado su modesta peluquería, en virtud de lo que llamaban socializar, y le obligaron a trabajar en otra barbería, se trastornó por completo. La peluquera estaba acostumbrada a que llegase el sábado y, concluido el trabajo, bajar a la tienda y contar sus ganancias semanales y guardarlas. Un domingo se la encontraron muerta en un sillón de la barbería, con las venas abiertas, que se había cortado ella misma con una navaja de afeitar.
También fue curiosa la aventura de un telegrafista de un pueblo de la provincia. Le habían obligado a dejar su casa y a vivir solo. Él era aficionado a la pesca y conocedor del mar. Fue acostumbrando a los carabineros del puerto a que le viesen pescando en la playa después de salir de la oficina. Se hizo amigo de ellos, se compró una barca pequeña y una brújula. Por las noches, terminado su trabajo, fue cosiendo unas velas de tela fuerte. Tardó tres meses en hacer sus preparativos sigilosamente.