Los caprichos de la suerte
Los caprichos de la suerte —Es triste, yo lo confieso. Estará mal obrar de ese modo, pero no quiero sacrificarme.
—¡Qué pena!
—SÃ, lo comprendo. Si fuera una cosa tuya, creo que compartirÃa contigo la mala suerte, pero con él no, no me siento obligada.
—¿Y tú crees que esa mala suerte es en la gente una cosa tan fatal?
—Yo creo que sÃ, la buena como la mala. Ya ves tú Escalante cómo se va desenvolviendo en ParÃs. Cuando note que esto se pone malo, se largará y lo hará fácilmente, como lo hace todo.
—SÃ, es muy posible. Es que a estos tipos les salva también la seguridad que tienen.
—Es muy posible. Elorrio no la tiene. Siempre anda vacilando. Es, como persona de suerte, una birria.
—¡Pobre!