El dolor paraguayo

El dolor paraguayo

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Todo lo aturdida que es la cigarra, es sabia la hormiga. La hormiga es alquimista, arquitecta, guerrera y nigromántica. La hormiga entiende el guaraní. No me atrevo a afirmarlo de cuantas especies de hormigas hay, pero no tiene duda el asunto para las guaicurúes, las feroces por excelencia, las que devoran a sus congéneres. Si al cruzar el bosque halláis algún cordón de hormigas guaicurúes y os da la malhadada ocurrencia, de decirlas «Adio, âgâ pihare tapejomi che visitavo», o sea; «adiós, vayan esta noche a visitarme un poco», descuidad, que os harán saltar de la cama y os dejarán el domicilio devastado por una invasión formidable. Si las habláis pues en guaraní, sed precavidos.

Las molestas, innumerables y fúnebres cucarachas no comprenden quizás los idiomas humanos; sin embargo se las logra convencer de que deben alejarse, si se emplea un curioso subterfugio. Escribid en un papel la palabra cucaracha, y arrojadlo a la calle. Apenas un transeúnte lo recoja, las cucarachas emigrarán en masa de vuestra vivienda y se irán a la del imprudente.

¿Quién sospecharía que la víbora adivina la preñez, y hasta la respeta? La mujer a quien sale en el campo una víbora, está embarazada y de varón. El reptil se guardará bien de atacarla.


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