La fábula de las abejas
La fábula de las abejas Pero aquà se me dirá que, además de las ruidosas fatigas de la guerra y el bullicio público de los ambiciosos, existen acciones nobles y generosas que se realizan en silencio; que siendo la virtud su propia recompensa, a los que son realmente buenos les basta tener la conciencia de que lo son, y que éste es el único galardón que esperan de la acción más meritoria; que entre los paganos ha habido muchos hombres que al hacer bien a otros estaban lejos de ambicionar la gratitud y el aplauso, pues tomaban todas las precauciones imaginables para ocultarse de aquellos a los que habÃan otorgado sus beneficios, y que, por lo tanto, no es el orgullo el que impulsa al hombre al último grado de abnegación.