La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros —¡Samuel, Samuel! —gritó sin hallar respuesta—. ¿Qué es lo que pasa? —añadió, dirigiéndose ansiosamente hacia la alcoba de éste.
Mas en aquel punto retrocedió espantado ante el eco de su propia voz, que no lograba contestación alguna… La habitación estaba a oscuras, y al abrirla vio que Samuel Klaus yacÃa sobre su lecho, rÃgido y frÃo… ¡Estaba muerto!
El choque fue terrible. La loca ambición del artista fanático no dejó ni lugar casi al primer impulso de afecto hacia aquel amado muerto a quien tanto debÃa… Iba, pues, a obrar en el acto, como era de temerse, cuando su vista perturbada se fijó en un escrito dirigido a él y que decÃa: