La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros
La cueva de los ecos y otros cuentos ocultistas y macabros —¡Olvida tus propios dolores —me decÃa aquella suavÃsima e inefable voz— apartando tu imaginación de ellos! Piensa en dÃas felices y pretéritos; en las lecciones que tantas veces has recibido acerca de los grandes misterios de la naturaleza, verdades que los hombres, ciegos a toda luz espiritual, tanto se obstinan en no querer ver. Quiero hoy añadirte a tales enseñanzas otra relativa a una vida extraña de ese ser que tienes ahà delante, precisamente tras las vidrieras de esa casa tristona de enfrente.
Y, diciendo esto, la voz parecÃa querer revelarme algo muy claro: el misterio de un alma tras las paredes de la casa frontera. Los densos jirones de niebla que lamÃan la fachada como fantasmas fueron desapareciendo, y una claridad brillante y suave cual la de la luna parecÃa tender, por decirlo asÃ, un puente encantado entre mis ojos y la casa aquella, cuyas paredes acabaron como por hacerse transparentes a mi mirada, dejándome ver con toda limpidez el interior de una habitación pequeña, como de un chalet suizo, con negruzcas paredes llenas de estantes con libros, manuscritos y arcaicos decorados. De pechos sobre una oscura mesa de nogal veÃase un viejo mal encarado, un espectro casi, según lo amarillo y extenuado que se hallaba, con sus ojillos penetrantes y sus manos de marfil, escribiendo a la luz de la fúnebre lámpara, que apenas si servÃa para hacer más densas las tristezas y oscuridades de aquel pobre recinto.