El Decamerón
El Decamerón —Buena mujer, ¿qué es de tu señora?
A lo que la criada respondió:
—Señor, no sé. Esta mañana creà encontrarla en el lecho, donde anoche me pareció verla entrar, pero ni allà la encuentro ni en sitio alguno, ni sé qué ha sido de ella, y estoy en grandÃsima desazón. ¿Podréis vos decirme algo, micer?
—¡Asà te hubiese a ti tenido con ella dónde la he tenido, para que tu culpa purgases como ella la suya! Pero en verdad que no te irás de mis manos sin que pagues tus obras, para que de ningún hombre te burles sin llevar recuerdo.
Y, esto dicho, ordenó al criado:
—Dale esas ropas y dile que vaya a buscar a su señora, si quiere.
Cumplió el criado el mandato y la sirvienta, cogiendo las ropas y enterada de lo sucedido, temió que la matasen y, conteniendo sus deseos de gritar, cuando el estudiante partió, hacia la torre corrió, llorando. Un labrador de la dama habÃa por acaso perdido uno de sus puercos y, andando en su busca, a poco de partir el estudiante, llegó a la torrecilla y, mirando por doquier para descubrir su cerdo, sintió el llanto de la desventurada y, empinándose cuanto pudo, gritó:
—¿Quién llora ah�
La mujer conoció la voz de su labrador y llamándole por su nombre le dijo: