Jane Eyre
Jane Eyre La cabeza de Helen, siempre baja, se hundió un poco más con el fin de la frase. En su mirada vi que no tenÃa deseos de seguir hablando conmigo, sino de ahondar en sus propios pensamientos. Pero no se le concedió demasiado tiempo para meditar. Una monitora llegó al momento, exclamando con un fuerte acento de Cumberland:
—Helen Burns, si no pones en orden tu cajón y doblas tu ropa en los próximos minutos, tendré que informar de ello a la señorita Scatcherd.
Helen suspiró y volvió en sÃ, apresurándose a obedecer las órdenes de la monitora sin decir una sola palabra.