Jane Eyre
Jane Eyre —¡Cállate, Jane! Te preocupas demasiado por el amor de los seres humanos. Eres demasiado impulsiva, demasiado apasionada. La mano que te creó y te dio vida te ha proporcionado otros recursos al margen de ti misma o de los que te rodean, seres tan débiles como tú. Más allá de esta tierra y de los hombres, hay un mundo invisible en el que reinan los espÃritus. Este mundo nos rodea, está por todas partes, y esos espÃritus tienen la misión de vigilarnos. Si estuviéramos muriendo de dolor y de vergüenza, si el desprecio nos acechara por todas partes y el odio se clavara en nosotros, los ángeles serÃan testigos de nuestras torturas y reconocerÃan nuestra inocencia (si fuéramos de verdad inocentes, como yo sé que lo eres de los cargos de los que tan pomposamente te ha acusado el señor Brocklehurst, repitiendo lo que le dijo de ti la señora Reed, porque puedo leer la sinceridad en tu rostro). Dios espera que se produzca la separación entre el alma y el cuerpo para otorgarnos la recompensa definitiva. Entonces, ¿por qué hundirnos en la desesperación, cuando la vida es muy corta y la muerte supone un paso hacia la felicidad, hacia la gloria…?