Jane Eyre
Jane Eyre —Te lo has ganado por contestar a mamá con esa falta de educación, por esconderte como una serpiente detrás de la ventana y por mirarme como lo hacÃas hace unos minutos. ¡Rata!
Estaba tan acostumbrada a su modo de tratarme que ni siquiera se me ocurrió replicar; toda mi atención se concentraba en encajar el golpe que con toda seguridad seguirÃa a los insultos.
—¿Qué hacÃas detrás de la cortina? —preguntó.
—Estaba leyendo.
—¡Enséñame el libro!
Me acerqué a la ventana, cogà el libro y se lo di.
—Tú no tienes ningún derecho a leer nuestros libros. Mamá dice que dependes de nosotros porque no tienes dinero: tu padre no te dejó ni una libra. DeberÃas estar mendigando en lugar de vivir aquÃ, en el hogar de los hijos de un caballero, comiendo lo mismo que nosotros y vistiéndote a expensas de mamá. Pero ahora aprenderás a no enredar en los estantes. Los libros son mÃos; toda la casa me pertenece, o me pertenecerá dentro de unos años. Ve y quédate de pie junto a la puerta, y procura no ponerte delante de ningún espejo ni de las ventanas.