Jane Eyre
Jane Eyre Hice lo que me decÃa, sin entender al principio cuál era su intención; sin embargo, cuando le vi levantarse y balancear el libro en el aire como si se tratara de un objeto arrojadizo, me aparté instintivamente con un grito de alarma. Sin embargo, no fui lo bastante ágil: el tomo voló hacia mà y me derribó, caà de cabeza contra la puerta y me hice un corte. La herida sangraba y sentÃa un agudo dolor en la cara, pero al mismo tiempo mi pánico se habÃa evaporado para dar paso a otros sentimientos.
—¡Chico malvado y cruel! —grité—. Eres igual que un asesino, te comportas como un tratante de esclavos, como un emperador romano…
Yo habÃa leÃdo la Historia de Roma de Goldsmith, y me habÃa formado una opinión sobre Nerón, CalÃgula y otros personajes parecidos. También habÃa establecido comparaciones que nunca pensé que pronunciarÃa en voz alta.
—¿Qué? —exclamó John—. ¿Estás hablando de mÃ? Eliza, Georgiana, ¿habéis oÃdo lo que me ha dicho? Voy a contárselo a mamá, pero antes verás…