Jane Eyre
Jane Eyre Se abalanzó sobre mÃ; noté cómo se aferraba a mi hombro con una mano y me cogÃa del pelo con la otra, impulsado por una furia desesperada. Su imagen era la de un tirano, la de un criminal. Sentà el rastro de una gota de sangre que me resbalaba por el cuello y experimenté un intenso dolor; ambas sensaciones pudieron más que el miedo y devolvà su ataque con parecida ira. No sé muy bien lo que le hice, pero sus gritos llamándome «¡Rata! ¡Rata!» llegaron hasta el exterior. La ayuda no tardó en acudir: Eliza y Georgiana habÃan ido a buscar a la señora Reed, quien irrumpió en la escena seguida de Bessie y de Abbot, la doncella. Nos separaron entre grandes exclamaciones de sorpresa:
—¡Pobrecito! ¡Pobrecito! ¡Con qué ira ha atacado ese monstruo al señorito John!
—¡Habrase visto alguna vez rabia semejante!
—Llevadla a la habitación roja y encerradla allà —sentenció la señora Reed.
Cuatro manos cayeron al instante sobre mà y me arrastraron escaleras arriba.