Jane Eyre
Jane Eyre Me confirmó esta idea el hecho de haberla visto bajar al jardín en un par de ocasiones, cuando la tarde era soleada, de la mano de la señorita Temple. No se me permitió acercarme a hablar con ella, por lo que la observé de lejos desde la ventana de la sala de estudio. Apenas se la distinguía: las dos veces la sacaron envuelta en una manta y la sentaron a distancia, bajo el porche.