Jane Eyre
Jane Eyre Y fue entonces cuando mi mente hizo por primera vez un serio esfuerzo por comprender todo lo relativo al cielo y al infierno que me habÃa sido inculcado; y por primera vez mi espÃritu retrocedió, sorprendido; y por primera vez, mirando a ambos lados y frente a él, vi que lo rodeaba un abismo insondable. Estaba ahÃ, en el presente, el resto no era más que nubes sin forma y el vacÃo más profundo; y me estremecà ante el pensamiento de tambalearme y hundirme en el caos. Mientras reflexionaba sobre esta nueva idea, oà abrirse la puerta principal, de la que salió el señor Bates, acompañado de una enfermera. Después de que él hubo partido a lomos del caballo, corrà hacia ella antes de que cerrara la puerta.
—¿Cómo está Helen Burns?
—Muy mal.
—¿Es por ella que ha venido el señor Bates?
—SÃ.
—¿Y qué ha dicho?
—Dice que no estará aquà mucho tiempo más.