Jane Eyre

Jane Eyre

🎯 ¿Cansado de los anuncios?
Elimínalos ahora 🚀

Ella se removió y corrió la cortina. Su rostro apareció ante mí, pálido y demacrado, pero bastante sereno. Había cambiado tan poco que mis temores se disiparon al instante.

—¿Eres tú, Jane? —preguntó con su voz dulce.

«¡Oh! No va a morirse —pensé—. Todos se equivocan: ella no podría hablar con tanta calma si estuviera a punto de morir.»

Me senté en el lecho y la besé. La frente, al igual que las flácidas mejillas, la mano y la muñeca estaban frías, pero su sonrisa seguía siendo la misma de siempre.

—¿Qué haces aquí, Jane? Son más de las once. Oí las campanadas del reloj hace unos minutos.

—He venido a verte. Me dijeron que estabas muy enferma y no podía dormirme sin hablar antes contigo.

—Estás aquí para decirme adiós. Creo que has llegado justo a tiempo.

—¿Te marchas a algún sitio, Helen? ¿Te mandan a casa?

—Sí, a mi última casa. A mi última morada.

—¡No, no, Helen! —la interrumpí, angustiada.

Mientras luchaba por tragarme las lágrimas, un ataque de tos sacudió el cuerpo de Helen, pero no despertó a la enfermera. Cuando remitió, Helen se dejó caer sobre el lecho, agotada.


👉 Descargar el audiolibro GRATIS en Amazon
Reportar problema / Sugerencias

eXTReMe Tracker