Jane Eyre
Jane Eyre «A juzgar por la sencillez del vehÃculo y del criado —pensé—, debo suponer que la señora Fairfax no es una persona demasiado elegante. Tanto mejor; solo he vivido una vez entre gente fina y me sentà muy desgraciada. Me pregunto si vive con la única compañÃa de esa niña. Si es asÃ, y si resulta una señora amable, estoy segura de que nos llevaremos bien. Al menos lo intentaré. Es una pena que solo con intentarlo una no consiga siempre el resultado que desea. En Lowood tomé esa decisión, la mantuve, y logré hacerme querer; pero con la señora Reed, mis esfuerzos siempre fueron recompensados con el más absoluto de los desprecios. Rezo a Dios para que la señora Fairfax no se convierta en una segunda señora Reed, pero, si se produce lo peor, tampoco debo desesperarme. Pongo otro anuncio. ¿Cuánto faltará para llegar?»
Bajé la ventanilla y me asomé: habÃamos dejado Millcote a nuestras espaldas. A juzgar por el número de luces debÃa de ser un lugar de considerable tamaño, mucho más grande que Lowton. Por lo que podÃa ver, ahora nos encontrábamos en medio del campo, aunque habÃa casas diseminadas por el lugar. Tuve la impresión de estar en una región totalmente diferente a Lowton, más poblada y menos pintoresca, más movida pero menos romántica.