Jane Eyre
Jane Eyre Muchos me criticarán cuando añada que, en ocasiones —cuando iba sola a dar un paseo por el campo, cuando bajaba hasta la verja y miraba el camino por entre sus barrotes, o cuando aprovechaba los ratos en que Adèle estuviera jugando a preparar mermelada con su niñera y la señora Fairfax, para subir hasta el ático, levantar la trampilla y asomarme a contemplar los campos, la colina y la frágil lÃnea del horizonte—, ansiara atravesar con la mirada los lÃmites impuestos para alcanzar ese mundo bullicioso y lleno de vida del que tanto habÃa oÃdo hablar, pero que jamás habÃa visto. Deseaba adquirir más experiencia, relacionarme con gente más parecida a mÃ, de caracteres distintos a los de aquellos que formaban mi entorno. Valoraba las virtudes de la señora Fairfax y de Adèle, pero estaba convencida de que existÃan otras clases de bondades más emocionantes, y querÃa descubrir si mis creencias eran ciertas.