Jane Eyre
Jane Eyre —Señorita Eyre, usted es más complicada que Adèle. Ella pide a gritos un «cadeau» en el mismo momento en que me ve aparecer; usted, en cambio, se va por las ramas.
—Es que no estoy tan segura de merecerlo como Adèle, señor. Ella apela a una vieja amistad y también al derecho que da la costumbre, ya que afirma que usted siempre le ha regalado numerosos juguetes. En cambio, en mi caso serÃa toda una sorpresa: soy una extraña aquà y no he hecho nada que merezca una recompensa.
—¡Oh, no caiga en un exceso de modestia! He hablado con Adèle y he notado que se ha tomado usted grandes molestias con ella: la niña no es brillante y carece de talentos, pero en un corto periodo de tiempo ha realizado progresos considerables.
—Señor, acaba usted de entregarme mi «cadeau». Se lo agradezco; es el mejor regalo que un maestro puede recibir: que nos elogien los progresos de nuestros alumnos.
El señor Rochester emitió un extraño sonido y siguió bebiendo el té en silencio.
—Acérquese al fuego —dijo el señor cuando hubieron retirado la bandeja y la señora Fairfax se hubo sentado en un rincón a proseguir con su labor de punto.