Jane Eyre
Jane Eyre Adèle me llevaba de la mano por la sala, enseñándome los hermosos libros y los adornos que lucÃan sobre las consolas y los estantes. Obedecimos; Adèle intentó sentarse en mi regazo, pero él le ordenó que fuera a jugar con Pilot.
—¿Lleva usted ya tres meses viviendo en mi casa?
—SÃ, señor.
—¿Y procede usted de…?
—Del colegio Lowood, en el condado de… shire.
—¡Ah, una institución benéfica! ¿Cuánto tiempo estuvo all�
—Ocho años.
—¡Ocho años! Debe de tener un poderoso instinto de supervivencia. ¡CreÃa que una institución como esa podÃa acabar con la vida de cualquiera en la mitad de ese tiempo! No me extraña que parezca venir de otro mundo. Me maravillaba dónde habrÃa podido adoptar una expresión asÃ. Cuando la vi en el camino de Hay la pasada noche me hizo pensar en los cuentos de hadas y casi estuve a punto de preguntarle si habÃa embrujado al caballo, de lo cual, por cierto, aún tengo mis dudas. ¿Quiénes son sus padres?
—No tengo.
—Ni tuvo, supongo. ¿Los recuerda?
—No.