Jane Eyre
Jane Eyre AsentÃ.
—La aritmética es una ciencia útil; sin ella habrÃa tenido dificultades en adivinar su edad. Resulta complicado determinarla cuando la expresión de un rostro es tan especial como en su caso. Y, dÃgame, ¿qué aprendió en Lowood? ¿Toca usted el piano?
—Un poco.
—Por supuesto. La respuesta clásica. Entre en la biblioteca, si lo desea, por supuesto. Debe usted disculpar mi tono autoritario: estoy acostumbrado a que se me obedezca de inmediato y no puedo alterar mis hábitos por una recién llegada. Asà que vaya a la biblioteca, coja una vela, deje la puerta abierta, siéntese al piano y toque algo.
Hice lo que me ordenaba.
—¡Ya es suficiente! —gritó unos minutos después—. TenÃa usted razón. Toca un poco, como cualquier otra estudiante inglesa; quizá mejor que algunas, pero no bien.
Cerré el piano y regresé. El señor Rochester siguió hablando.
—Adèle me mostró algunos dibujos esta mañana, y me dijo que eran obra suya. Ignoro si los realizó usted sola o con la ayuda de alguna maestra…
—¡Por supuesto que no!