Jane Eyre
Jane Eyre —No tenÃa nada más que hacer. Estábamos de vacaciones, asà que trabajaba en ellos de la mañana a la noche. Los dÃas son más largos en verano y me permitÃan dedicar aún más tiempo a mi tarea.
—¿Y se sentÃa satisfecha con el resultado de sus arduos esfuerzos?
—En absoluto. Me atormentaba el contraste que existÃa entre la idea que tenÃa en la mente y el resultado de mi trabajo. En todos y cada uno de los casos habÃa imaginado algo muy distinto, que no conseguÃa plasmar.
—Lo que dice no es del todo cierto: ha logrado reflejar la sombra de su pensamiento, aunque tal vez no mucho más. Carece de la técnica y de la habilidad suficiente como para desarrollarlo plenamente. Sin embargo, para una colegiala, estos cuadros son bastante peculiares. Los pensamientos que muestran poseen un aire fantasmagórico y misterioso: esos ojos de la Estrella de la Noche debe de haberlos visto en sueños. ¿Cómo pudo pintarlos tan claros y a la vez tan opacos? ¿Tal vez el planeta que hay sobre ellos apaga esos rayos? ¿Y cuál es la idea que subyace bajo su solemne profundidad? ¿Quién le enseñó a pintar el viento? Sopla una galerna en ese cielo y en la cumbre de esa colina. ¿Dónde vio Latmos? Porque eso es Latmos… Pero ya está bien, ¡guarde los dibujos!